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EPÍSTOLA



Por Enrique Symns

Los viajeros solo desean llegar y partir de los puertos, nunca permanecer. En los puertos, la vida es una aburrida parodia. Hay pianistas, payasos y toda clase de inventos para entretener a los que viajan. Hay amores para acompañar la soledad y juegos dramáticos para perder el tiempo.

Todos los días nos vemos obligados a escoger entre ser el guerrero-pirata-loco-extraterrestre o ser el lame-mocos que solo quiere casarse-escribir el libro-alquilar el depto y demás.

Es más cómodo viajar en silla de ruedas sobre la autopista de las emociones controladas. Es más cómodo que ir rengueando por caminos desconocidos. Es más cómodo internarse en el asilo de las costumbres que seguir recorriendo nuestro miedo a la oscuridad.

Brindo por todos aquellos que insisten en desconocer el misterio de la existencia. Por que en el brindis cierren los ojos y que al volver a abrirlos el escenario sea otro y la obra maravillosa.

Brindo por los intrépidos que hoy están tristes, por los vagabundos que se creen perdidos, por los rebeldes que están resignados, por los perseguidos que tímidamente poseen el secreto. Que se cumplan sus peores propósitos. Que gocen el peor momento. Que sigan siendo polizones ocultos entre los pliegues de la pesadilla colectiva. Que nunca los encuentren, que siempre lleguen a tiempo o que no exista el tiempo, para que puedan llegar.

Brindo por mis invisibles amigos, los que saben que no saben, los que, deseando vivir, viven simplemente deseando.

Que funden su reino, que encuentren su magia, que hagan la fiesta, que nunca se pierdan.

Y de no ser así, que el mundo se pudra en el infierno que nos sugieren.

APRENDER FISICA Y CALCULO


En el bachillerato fui alérgico a las matemáticas y al inglés. Pero en la universidad tuve que enfrentarme de nuevo a estas materias y aprendí a quererlas. Cuando comencé de nuevo con el inglés, tuve que hacer un gran esfuerzo mental y trabajarme sicológicamente para disfrutarlo: imprimí las letras de las baladas en inglés que siempre canté mal, visitaba el sitio de internet del The new York Times, sin importar que entendiera poco o nada de sus noticias, y en el centro de idiomas comencé a tener tratos con los extranjeros que venían a estudiar español: yo les hablaba en español, para que practicaran, y luego ellos me hablaban en inglés.

Todas estas estrategias para ver más sugestivo e interesante la segunda lengua, me acordaron los primeros semestres en la ingeniería, cuando comencé a estudiar Física y Cálculo. Sabemos que los peores profesores enseñan en el bachillerato, o al menos esa es la experiencia que muchos tenemos. De ellos sólo se aprende a odiar las matemáticas y la literatura. Yo también heredé ese odio y cuando comencé en la universidad tuve que enfrentarme de nuevo, y esta vez de manera seria, a las ecuaciones y a sus significados. De modo para ver más atractivos los conceptos y las ecuaciones de la Física, estuve buscando las biografías de Arquímedes, de Galileo y de Newton.

Me enteré de que Arquímedes era estratega militar. También supe que en 1992, luego de poco más de 350 años, el papa Juan Pablo II reconoció el error del Vaticano al condenar al viejo Galileo de 80 años, a un arresto domiciliario, luego de que casi lo queman. De Newton supe que había sido el primero en descubrir que el cálculo diferencial es la operación inversa del cálculo integral, un malabarismo matemático que se buscaba desde tiempo atrás por el resto de científicos europeos. Este tipo de lecturas fueron definitivas para ver desde otro foco la ciencia y fueron el motor de la motivación en el estudio de las matemáticas.

La literatura, en cambio, me la enseñó un amigo cuando estábamos en el ejército. Prestando guardia en las garitas de una base militar en las lomas del Poblado, con el fusil terciado y las cartucheras en la cintura, yo no pasaba las horas vigilando la reja y el bosque sino sentado y leyendo novela negra. Es decir, aprendí a leer novelas para tener en qué gastar el tiempo. La vida, todos lo sabemos, es una tontería. No sabemos para qué putas estamos en el mundo, pero aún así nos toca soportarlo. Por eso necesitamos inventarnos algo en qué gastar nuestras horas. La literatura es una excelente excusa para pasar el rato.

De todos modos, así como en el estudio del inglés y el cálculo, lo más importante es asumir una actitud distinta, tener conciencia del reto y enfrentarlo por los cachos.

OTROS DOS HIJOS?

Esta semana, un amigo que tiene una niña y un niño, me confesó que quiere encargar otros dos hijos. Cuando me dijo esto yo pensé: “este pendejo no tiene nada qué hacer en la vida”.

Supongo que este man está cansado de sus monótonos días y piensa que tal vez los hijos son un motor para dinamizarlos. El hombre no piensa concientizar los hijos que YA tiene. No piensa disfrutar con sus primeras tareas con divisiones de tres cifras, ni con el mapa de Colombia con los rios o leyendo Las aventuras de Tintín o La isla del tesoro. No quiere verlos más grandecitos para llevarlos a conocer El cañón del Chicamocha o la península de la Guajira. No quiere dejar de ver Discovery Kids, los teletubbies, ni Barney. No quiere pasar a jugar Wii, ni Animal Jam.

Este pobre hombre, ―el “pobre” le queda bien― no se acuerda de desempolvar la guitarra, los LP´s, de llamar a los amigos, las amigas, los primos, los sobrinos. El tipo no tiene nada, absolutamente nada qué hacer. Solo criar muchachitos. No se acuerda de los cuadros que pintó, de los libros que leyó, de los postres que se comió en Santa Elena.

Y me acordé de un poema de Borges que dice, poco más o menos, que después de un tiempo uno aprende a plantar su propio jardín y decorar su propia alma, “en lugar de esperar que alguien le traiga flores”.

La paternidad es un parche muy sollado. Amo a mis hijas, quiero que crezcan y disfrutarlas al máximo en otras etapas de su vida. Pero, bueno, ya, con dos es más que suficiente.

MIEDO Y ASCO EN MEDELLIN


Un viejo decrépito acaba de pasar por la acera acompañado por una linda chica que debe ser la nieta. En ese momento me asomé por pura casualidad a la ventana del apto y los vi abajo. La chica soportaba al abuelo del brazo y le ayudaba para avanzar lentamente. Era el paseo rutinario de la tarde. Ella tenía una cola de caballo en el pelo y el señor andaba en chanclas de cuero y calcetines en algodón blanco. El hombre está completamente tostado. Camina como contando sus últimas exhalaciones… y lo hace por mi manzana. La vida así, no vale la pena.

Muchas veces me he sentido como este viejo, agotado y empujando la vida, pero además completamente asqueado del mundo. ¿Qué sentido tiene seguir con vida cuando se remolcan los sentimientos y los deseos?

Hoy boté una gran cantidad de papeles inservibles de mi estudio y pensé que valorar demasiado las pertenencias es conservar intranquilidades. Lo mismo es la vida: cuando está vieja ya no sirve, estorba.

Mirando por la ventana con un café fortificante en la mano, le pedí a mi Padre el coraje para meterme un tiro en la cabeza cuando la vida lo requiera.

Por lo mismo no quiero escatimar en sensaciones, en aventuras y en apuestas.

LA MALDITA PRIMAVERA



Una noche en el Parque del Poblado nos metimos en un local de “música para aplanchar”. Yo estaba con mi tío y él al verme borracho cantando todas, absolutamente todas, las canciones, me dijo:

―Oiste, güevón, ¿vos por qué te sabes todas estas canciones?

―Ah, pa´que vea― le contesté.

En ese momento caí en cuenta de que yo no tenía porque sabérmelas. Igual yo no escucho “la voz de Colombia”. Pero ahora que lo pienso, esas canciones las aprendí cuando era niño, cuando mi mamá sintonizaba esa emisora mientras se arreglaba para ir al trabajo. Recuerdo que ella la escuchaba porque, luego de cada canción, el locutor decía la hora exacta. De esa manera mi mamá estaba alerta para no salir tarde al medio día. En ese entonces yo disfrutaba mucho con las canciones de Franco de Vita, Emmanuel y La fórmula quinta.

Más tarde llegó el rock en español, los toreros muertos, Los prisioneros y Los hombres G. Entonces Camilo Sesto y su género pasó a ser parte de la música censurada por mi generación. Luego llegaron Metallica, Poison, Gun´s and Roses y con ellos la fractura final con la música romántica. Nunca volví a escuchar esos temas porque me parecían tremendamente ridículos. Aún así las letras de esas canciones se clavaron en mi subconsciente de una manera tan tenaz, que ahora, pasadas de más de dos décadas sin escucharlas, todavía las recuerdo.

Esa noche con el tío, las canté a voz de cuello. Lo que más me impactó fue que yo no era el único. Toda una muchachada estaba conmigo allí, siguiendo la “Maldita primavera”. Supongo, entonces, que a nuestros hijos también les heredaremos la música de Leonardo Fabio, de Piero, de Metallica y de Gun´s and Roses.

DESATRAZADA

Una amiga me llamó este fin de año para que nos “desatrasáramos”, es decir, para que nos contáramos lo último de nuestros días. Y como en todas las “desatrasadas”, el tema más hablado, el plato fuerte del encuentro, fueron los amores: su novio y mi novia.
No sé por qué, pero siempre que hay encuentros para desatrasarse, repito, siempre, termina uno hablando de los novios, y si no es de los novios, por lo menos de los romances. Y no es que yo reniegue de eso, de ninguna manera. Por el contrario, no hay como una buena historia, trágica o exitosa, de un amor.

Lo reconozco, disfruto demasiado cuando mis amigas hablan de sus relaciones amorosas. Incluso son mejores las historias de ellas que las de mis amigos. No sólo porque las mujeres cuentan mejor el rollo, sino porque he aprendido de ellas infinidad de cosas que, finalmente, me han pulido. Por otro lado, las historias de mis amigos, ya las conozco y son tan predecibles que, cuando las oigo, me parece como si fuera yo quien las estuviera contando.

Pero sigamos con el asunto. Con mi amiga me vi en un café y luego de contarme variada cosilla de su novio le pregunté si ya había encontrado el hombre de su vida.
―La verdad es que no…, no es el hombre de mi vida.
―¿Y eso? ―Le pregunté para que me explicara las razones.―Lo que pasa es queeee, ―y titubeó para buscar las mejores palabras― es que con él no siento… vos sabes...
Yo le entendí de una.
―Ahh carajo.
Me acomodé en la silla del café y me di un trago de cerveza. La miré a los ojos por un momento pensado la siguiente pregunta. Ella esquivó la mirada y nos quedamos callados por un momento. Finalmente ella cambió el tema y seguimos hablando de otras cosas. Pero a mí el asunto me quedó dando vueltas en la cabeza. Por los detalles que me contó, el tipo es bastante cariñoso, atento, no es feo, es alto, quiere a la suegra, le cae bien al suegro, tiene un buen empleo, cocina delicioso los fines de semana, salen de paseo de forma continua, le gusta el cine, la literatura, y aún así no es el hombre de su vida porque con él “no siente”.
Entonces pensando e imaginando, yo me voy al otro extremo. Qué tal que mi amiga cayera en las manos de un amante vibrante, magnifico en la cama, que la hiciera “sentir”, pero que a la vez no fuera tan atento con su familia, un tanto relajado con los regalos, "simple" por decir lo menos. Ya sé lo que van a pensar: que un tipo de esos no provoca. Está bien. Pero la pregunta es: si tuviera que escoger entre un buen marido, seco en la cama, y un excelente amante, un tanto despreocupado fuera de la intimidad, ¿a cuál de los dos escogería mi amiga?

La respuesta no la sé, pero por ahora mi seguridad es que su novio actual, con todas sus cualidades, sus preocupaciones y mimos con ella, no es más que un pobre pendejo que, cuando menos piense, lo echan pa´ la porra.

LO IMPORTANTE NO ES APRENDER, SINO GANAR



Los profesores de la universidad utilizan la primera clase del semestre para fijar las reglas de juego, dan una breve presentación del curso, determinan fechas y temas para los exámenes parciales, proponen bibliografía, llaman a lista, dan el correo electrónico y algunos, incluso, ofrecen el teléfono celular; hablan carreta por un rato y, al finalizar, no falta el que se toma la licencia para dar consejos: “No pastelee, no copie, no se distraiga, venga a clase, pregunte lo que no entienda”, y el más común de todos: “estudie para la vida, estudie para aprender.”

Comienza a correr el semestre, pues, y no falta el alumno obediente que comienza a practicar el aforismo que le entregó su profesor: lo más importante es aprender.

Se acercan las fechas de los exámenes y mientras el alumno obediente estudia la teoría, sus compañeros se van derechito a la práctica. Mientras él invierte horas de paciencia y estudio tratando de aprender, es decir, tratando de entender los conceptos para luego aplicarlos, por otro lado sus compañeros no dudan en pasar por encima de las definiciones y en ir directo a los ejercicios, y adiestrar el dedo en la calculadora, buscar resultados y verificar respuestas en las últimas hojas del libro.

Pasa el tiempo, se presentan los exámenes, y al recibir la nota, Ellos ganan y Él pierde. Sin embargo cuando el alumno obediente les preguntaba la diferencia conceptual entre una y otra ecuación, Ellos no saben contestar. La cuestión es que los demás han sido más pragmáticos y no han complicado el estudio. Simplemente resolvieron los ejercicios, con las ecuaciones propuestas, así no entendieran algunas definiciones e interpretaciones.

Mientras el resto estudiaba, llenando hojas con ejercicios resueltos, el alumno obediente se rascaba la cabeza preguntándose qué diablos significa “el radio de giro”. Una ecuación que nada tiene que ver con el radio, ni con el giro. Es verdad que, al hacer el cálculo, hallaba un número. Pero no lograba interpretar su resultado. Tampoco pudo entender el “producto inercial”, un extraño resultado que, para ir diciendo lo más grave, ningún libro, ni profesor, supieron explicar, cualquier sentido que tuviera, físico o lógico. Pero no sólo eso. Este es el día en que el alumno obediente no sabe explicar cuál es la jodida diferencia entre corriente eléctrica y voltaje. ¿Qué significado tiene una gráfica donde el voltaje es la variable dependiente y la corriente eléctrica la variable independiente? Y ¿Qué significa que la relación de estas dos sea resistencia? ¡Qué fastidio! Es increíble cómo se logra complicar el estudio de la Ley de Ohm. Una ley que, a ojos de cualquiera, es una ridícula ecuación.

Algún profesor dirá que estas preguntas se pueden contestar sin mayores problemas. Es verdad. Pero es innegable que se pierde mucho tiempo tratando de resolverlas. Y lo peor de todo es que, para ganar los parciales, donde el profesor evalúa con ejercicios prácticos, estas claridades no se necesitan para nada. Eso es lo curioso: que así el alumno obediente se mate tratando de entender la teoría, los conceptos y las interpretaciones, esa claridad, a la hora de la evaluación, con poco o con nada sirve para subir la nota.

Para aprender de verdad se requiere tener tiempo. Pero el tiempo es lo menos que se tiene en una carrera universitaria. Por algo se habrá llamado “carrera”. Y como en cualquier carrera, todo tiene que hacerse rápido, con agilidad y en el menor tiempo posible.

Finalmente el alumno obediente, en su intento de “estudiar para la vida”, perdió el semestre. Y se dio cuenta de una característica muy importante en el estudio de la universidad: se pueden ganar las materias sin que se entiendan a plenitud. Entonces para qué matarse tratando de entender si lo que se necesita es ganar la carrera y obtener el título. Por eso reacomodó el aforismo y lo practica de la siguiente manera: “lo importante no es aprender, sino ganar”.

OPINIÓN: Elogio de la mujer brava

En ESTE BLOG SE VALE DE TODO... HASTA LA COPIA.
El sig es un artículo publicado por la revista semana.


ELOGIO DE LA MUJER BRAVA


Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

Por: Héctor Abad Faciolince


A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas.
Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento. ¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!