OTROS DOS HIJOS?

Esta semana, un amigo que tiene una niña y un niño, me confesó que quiere encargar otros dos hijos. Cuando me dijo esto yo pensé: “este pendejo no tiene nada qué hacer en la vida”.

Supongo que este man está cansado de sus monótonos días y piensa que tal vez los hijos son un motor para dinamizarlos. El hombre no piensa concientizar los hijos que YA tiene. No piensa disfrutar con sus primeras tareas con divisiones de tres cifras, ni con el mapa de Colombia con los rios o leyendo Las aventuras de Tintín o La isla del tesoro. No quiere verlos más grandecitos para llevarlos a conocer El cañón del Chicamocha o la península de la Guajira. No quiere dejar de ver Discovery Kids, los teletubbies, ni Barney. No quiere pasar a jugar Wii, ni Animal Jam.

Este pobre hombre, ―el “pobre” le queda bien― no se acuerda de desempolvar la guitarra, los LP´s, de llamar a los amigos, las amigas, los primos, los sobrinos. El tipo no tiene nada, absolutamente nada qué hacer. Solo criar muchachitos. No se acuerda de los cuadros que pintó, de los libros que leyó, de los postres que se comió en Santa Elena.

Y me acordé de un poema de Borges que dice, poco más o menos, que después de un tiempo uno aprende a plantar su propio jardín y decorar su propia alma, “en lugar de esperar que alguien le traiga flores”.

La paternidad es un parche muy sollado. Amo a mis hijas, quiero que crezcan y disfrutarlas al máximo en otras etapas de su vida. Pero, bueno, ya, con dos es más que suficiente.

MIEDO Y ASCO EN MEDELLIN


Un viejo decrépito acaba de pasar por la acera acompañado por una linda chica que debe ser la nieta. En ese momento me asomé por pura casualidad a la ventana del apto y los vi abajo. La chica soportaba al abuelo del brazo y le ayudaba para avanzar lentamente. Era el paseo rutinario de la tarde. Ella tenía una cola de caballo en el pelo y el señor andaba en chanclas de cuero y calcetines en algodón blanco. El hombre está completamente tostado. Camina como contando sus últimas exhalaciones… y lo hace por mi manzana. La vida así, no vale la pena.

Muchas veces me he sentido como este viejo, agotado y empujando la vida, pero además completamente asqueado del mundo. ¿Qué sentido tiene seguir con vida cuando se remolcan los sentimientos y los deseos?

Hoy boté una gran cantidad de papeles inservibles de mi estudio y pensé que valorar demasiado las pertenencias es conservar intranquilidades. Lo mismo es la vida: cuando está vieja ya no sirve, estorba.

Mirando por la ventana con un café fortificante en la mano, le pedí a mi Padre el coraje para meterme un tiro en la cabeza cuando la vida lo requiera.

Por lo mismo no quiero escatimar en sensaciones, en aventuras y en apuestas.